Palacio Godoy ha sido una muy grata sorpresa. Es una propiedad remodelada con muchísimo criterio, donde han conseguido combinar el carácter del edificio con instalaciones modernas y de gran nivel.
Desde que entras, el ambiente invita a bajar el ritmo, descansar y disfrutar del lugar. Todo transmite tranquilidad y está muy bien cuidado, desde los espacios comunes hasta cada detalle de la habitación.
Algo que también me sorprendió especialmente fue la presencia de obras de arte en prácticamente todos los espacios de la propiedad. No están simplemente como decoración: aportan personalidad y hacen que recorrer el hotel sea parte de la experiencia.
El personal merece una mención especial: atento, cercano y siempre dispuesto a ayudar, pero sin resultar invasivo.
Las instalaciones son extraordinarias y la habitación fue realmente cómoda. La cama y las almohadas son de esas que literalmente te abrazan y hacen difícil levantarse por la mañana.
Y el rooftop merece definitivamente una visita. Es uno de esos espacios que terminan de completar la experiencia del hotel y donde vale la pena quedarse un rato disfrutando del ambiente.
He tenido la oportunidad de alojarme en muchos hoteles y Palacio Godoy es uno de esos lugares que se recuerdan, no solo por sus instalaciones, sino por la sensación de bienestar que consigue transmitir. Sin duda, volvería.